El fuego purifica el olivo

El fuego purifica el olivo

“Lo que hoy no se valora en un futuro se lamenta”

Como me gusta esta frase. Recuerdo que cuando era pequeña escuchaba mucho las frases “nuestra vida está escrita” y “la suerte está echada”.

Me niego a pensar que cuando nacemos ya está todo escrito. ¿Dónde queda entonces esa otra frase que dice “lo que siembras recoges”?

Si pensamos que la vida está escrita, ¿cuál es el resultado de las decisiones que tomamos o los errores que cometemos? Las consecuencias de nuestras decisiones son las que van marcando el camino que elegimos vivir.

Sinceramente creo que todos los obstáculos que nos vamos encontrando a lo largo de la vida no son fruto de la casualidad.
El victimismo consiste en pensar que no tenemos el control de nuestra vida y que la mala suerte nos acompaña siempre. Por el contrario, no hacerse cargo de las decisiones que vamos tomando o pensar que no va con nosotros justifica la falta de responsabilidad y la huida para que sean otros los que carguen con la culpa de decisiones mal tomadas.

Todos sabemos que el consumismo que existe en nuestra sociedad está agotando los recursos naturales, estamos destruyendo los ecosistemas marinos y terrestres. El cambio climático y la pérdida de biodiversidad son algunos de los resultados de nuestro modelo económico actual.
No podemos seguir utilizando los recursos que la tierra nos da sin ningún tipo de control.
No debemos de mirar hacia otro lado para no ver la amenaza que conlleva estos riesgos que vemos normales.
Es nuestra responsabilidad cuidad nuestro mundo y es tarea imprescindible educar en el respeto hacia la naturaleza.

No es bueno pensar “como el problema no es mío, que lo asuman los demás”. Esa manera de ver las cosas es absolutamente destructiva. Las acciones que tomemos ahora con respecto al futuro de este planeta serán las que marquen el futuro de la biodiversidad para nuestras generaciones venideras y uniendo esfuerzos individuales crearemos conciencia colectiva.

Los españoles y en general la cultura Mediterránea somos mucho de rituales.

Nos gusta celebrar y nos involucramos en ellos. El último fue el de la pasada noche de San Juan. la noche que celebramos el solsticio de verano y el día más largo del año donde brillan las hogueras y el fuego baile su danza misteriosa y alegre al compás del sonido chisporroteante de la leña quemada. Me gusta celebrar el solsticio por el ritual en sí.

Ha habido muchas noches de San Juan y muchas celebraciones a lo largo de mi vida.
Recuerdo la noche de San Juan de mi adolescencia bailando con mis amigos alrededor de la hoguera.
Unos años más tarde con mis hijas cuando eran pequeñas y les gustaba ir acompañadas de sus amigos para ver la danza del fuego mientras comían un bocadillo de tortilla.
Con mis amigas, no hace mucho tiempo, para quemar en la hoguera lo malo y las energías negativas y dar paso a lo bueno que está por llegar.
Con familia en la playa de Cala Cran de Tarragona, las más divertidas. El agua de la playa purifica y allí descubrí el elixir de la vida (un brandy extraordinario que me hacía soltar la lengua y abrazar a todo el mundo en una exaltación de la amistad desmedida fruto de los efluvios de aquel bendito elixir).

Siempre asocio el fuego con la purificación y la limpieza. Este año me apetecía más que nunca, puede que sea por este espíritu libre con el que nací, pero el COVID19 no nos lo ha permitido.

Recuerdo una de las noches de San Juan con especial cariño porque fui invitada por una gran amiga que hace unos años dejó este mundo consciente de que había cumplido su ciclo y que debía de marcharse. Lo hizo consciente de haber vivido como quiso, cuando quiso y con quién quiso y sabiendo que tuvo libertad y felicidad.
Me viene a la cabeza la de veces que ella y yo nos sentíamos libres estando la una con la otra.

LIBERTAD

La de descripciones que hay sobre esta palabra pero a mí la que más me gusta es la de Platón: “la libertad consiste en la capacidad de ser uno mismo”
Tanto para Platón como para Aristóteles, la concepción de la libertad estaba estrechamente ligada a la idea de la autonomía, es decir, la capacidad de DECIDIR POR SÍ MISMO.

Para mí siempre ha sido de vital importancia que las mujeres elijan la libertad, y ese ha sido el legado que he transmitido a mis hijas. Por eso OZ Oleazara está liderado por mujeres.

Queridas todas, debemos de honrar nuestras propias decisiones y no tener miedo de tomarlas porque no es positivo que los demás decidan por nosotras.

El mundo nunca avanza en línea recta, así que la vida tampoco. Relajémonos y dejemos que todo fluya, pero sin perder de vista nuestro objetivo.

Siguiendo con el fuego y la noche de San Juan pienso que hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa.
Un tiempo para nacer, un tiempo para morir, un tiempo para pensar, un tiempo para construir y la naturaleza así lo entiende.
El olivo es un árbol milenario. Hay detrás de él toda una cultura y una filosofía de vida, por eso sentimos tanto respeto por el olivar. Es el medio de vida de miles de personas.
España tiene el 50% de la producción mundial de aceite de oliva virgen extra.

Comparo el olivo con las personas. Hay que mimarlo, dedicarle tiempo y cuidados, podarlo, sanarlo cuando está enfermo y estar a su lado para que nos de su mejor fruto. Si no hay cuidados, el olivar envejece y muere. También existe el fuego para purificar el olivar quemando las ramas enfermas.

El día 31 de mayo fue el último día que se permitió quemar rastrojo de olivo. Hay que cortar las ramas que tienen barreno (gusano) para quemarlas y evitar así que el gusano taladre la madera y la seque.
Aunque la poda del olivo se hace entre los meses de febrero hasta abril, antes del 31 de mayo es necesario cortar las ramas enfermas y quemarlas para purificar y limpiar el olivar.
Durante la poda de invierno las ramas que sobran y que están sanas, se trituran para alimentar la tierra del olivar. Esta materia orgánica devuelve a la tierra lo que es de ella para aportar nutrientes a los olivos que ellos nos devolverán con sus frutos en agradecimiento a tantos y tantos cuidados. Cuando lo cuidamos nos lo agradece y nos regala sus frutos. Cuando las ramas se pudren hay que echarlas al fuego para poder sanar y purificar.
No olvidéis que el fuego PURIFICA por eso lo que no nos hace felices hay que quemarlo (aunque sea en sentido figurado), como las ramas del olivo que están enfermas o como hacemos en las noches de San Juan cuando tiramos a la hoguera lo que ya no sirve porque nos detiene en nuestro avance para ser felices.